Es domingo, el día anhelado por todos los isleños, por todos aquello que durante seis días nos estegamos a nuestras labores, ya sea esta tocar el violín con un mariachi, servir tragos, pilotear una embarcación de alta velocidad, sumergirse tres veces al día a más de 10 metros de profundidad, amaestrar delfines, o cobrar en una caja del supermercado, pero no, este día se descansa. LAs playas del otro lado de la isla se abarrotan, los restaurantes "locales" están al tope, por el malecón se deja ver toda la muchachada que llega en cientos de motos con bolsas llenas de chelas, coolers y refrescos, por la tarde el punto de reunión obligado es el único multicinema de la isla al cual recurre gran parte de la población en busca de entretenimiento... El día terminó y ahora se vive lo que denominé la "insoporable levedad el domingo" entre la cruda del día anterior, la flojera de hacer algo y el gran peso de saber que una nueva semana llena de cotidianeidad está por comenzar...
hoy, todo es gritos, claxons, ambulancias, tráfico, contaminación, malos olores... eso sí conciertos, estrenos, amigos, desmadre... unas por otras.
